miércoles, 9 de mayo de 2012

Puesta del Sol

El 19 de Abril viajamos al estado de Washington, invitados por la escuela Puesta del Sol y con el propósito de impartir un taller de arte. El motivo era que concluyera con la realización de un mural colectivo donde participaran todos sus estudiantes. Como no era por casualidad que coincidiéramos con la semana de la tierra, más la clausura definitiva del invierno, decidimos conducir la temática del taller en un gesto de celebración por la primavera.


Tres paneles, 4’ x 8’, preparados con una base blanca de pintura acrílica, nos servirían de soporte para ejecutar este proyecto en colaboración. Aproximadamente un total de 500 estudiantes participarían en la creación de esta obra. Nuestro objetivo era lograr que los estudiantes cooperaran, unos con los otros, en un proyecto colectivo, donde además de trabajar en grupo, también aprendieran a observar, respetar y apreciar su entorno natural mediante la práctica artística. Durante la semana entera estuvimos trabajando en el mural, celebrando la semana de la tierra con el comienzo de la primavera y provocando en los estudiantes una reflexión acerca del buen manejo de los recursos naturales. Quisimos retarnos con la idea de ofrecer un taller donde nos valiéramos principalmente de lo que nos brindara la naturaleza, así literalmente plasmándola con el propio paisaje en nuestras manos.
El taller comenzó con un paseo por los jardines de la escuela, observando y analizando primero las diferentes plantas y flores que germinaban durante la primavera. A lo largo del paseo los estudiantes se orientaban con fundamentos científicos acerca de los procesos biológicos de las plantas como son la fotosíntesis y la polinización. Además de identificar las partes principales de una planta, también se introducían a nuevos conceptos relacionados con el tema de la ecología. Cada estudiante recolectaba con moderación diferentes hojas, pétalos y frutas que luego en el taller utilizarían como instrumentos para dibujar.


Una vez regresaban al soporte, les ensenábamos a aplicar la variedad de pigmentos naturales que habían recolectado. Lo harían con sus propias manos, frotando las hojas, flores y frutas directamente contra la superficie del panel hasta transferir la clorofila de la materia orgánica. A consecuencia de la fricción, lograron trazar diferentes matices de verde, rojo, amarillo, violeta y azul. Pretendíamos que con tal lección asumieran una independencia del consumo de materiales industriales, sobre todo, entendiendo que hasta con los mínimos recursos siempre encontramos nuestra capacidad de expresión creativa.
Durante la ejecución del mural, cada grupo aportó con nuevas figuras de color, unas encima de las otras y sin un orden aparente. Capas sobre capas abarrotaban los paneles, acumulando en la superficie todo un palimpsesto de garabatos espontáneos que evidenciaban el entusiasmo de la experimentación. Los más jóvenes descaraban sus motivos abstractos en la gestualidad del trazo, mientras los mayores fantaseaban con el detalle de lo que les inspiraba el mundo vegetal. Sin duda alguna plasmaban la impresión pura de aquel recorrido guiado por los jardines de la escuela.


Poco a poco depurábamos el diseño, guiando el mural hacia una composición “all-over” y abarrotada de figuraciones abstractas. Estos motivos fractales fantaseaban con el follaje de los arboles, los insectos, la flora y la fauna del paisaje circundante, pero en una representación fraccional de lo que se trata nuestro entorno inmediato. Con el mismo acrílico blanco que habíamos usado para preparar la superficie, editábamos las formas y definíamos también los volúmenes, los espacios y los contornos sugeridos por los estudiantes. En esta etapa del proceso los niños aprendían técnicas básicas de diseño y composición, analizando la distribución del color para lograr armonía y balance. Finalmente, una mezcla de carbón vegetal triturado con cola y moras silvestres, nos serviría para lograr tonalidades oscuras que contrastarían y enfatizarían en la jerarquía de algunas formas sobre las otras.
El resultado del proceso creativo fue toda una experiencia armoniosa en colaboración y concluyó en un inmenso tríptico de 8’ x 12’ como reverencia a la naturaleza. El mural titulado Puesta del Sol se trata de una celebración por la primavera y expone de manera efímera los verdaderos colores oriundos del territorio circundante. Trabajando con todos los estudiantes de la escuela aprendimos a manifestarnos en una expresión colectiva de respeto y conciencia por el medioambiente, aprovechando, sobre todo, los recursos naturales con entusiasmo y creatividad. Nuestros más sinceros agradecimientos se dirigen a los estudiantes y maestros que participaron de la experiencia, y con un especial reconocimiento a Debbie Hinton, Luly Feliciano y Jennifer Hunt, por su excelente desempeño en la gestión del evento.


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